May 22 2008
Menorca en los Juegos de las Islas: Chloe Morris (II)
Las tareas duras no le son desconocidas y Chloe pasará de ser la principal jinete en las cuadras de Beatriz a tener que valerse por si misma, comenzando desde abajo. “Ahora me toca volver a empezar de nuevo”, comenta sin ninguna clase de remordimiento, “tendré que ensillar los caballos, cepillarlos, y trabajaré desde las 7 de la mañana a las 7 de la tarde, 15 días seguidos con sólo dos de descanso”. Su juguetón cachorro Enzo le hará compañía.
Aunque estará más lejos de casa, Chloe seguirá manteniendo sus lazos con Menorca. Sus preferencias personales son los caballos europeos, animales de sangre caliente, “sientes más potencial”, asevera, pero está convencida de que la raza menorquina está mejorando continuamente. Sigue manteniendo una relación estrecha con Jaime Reynés de hecho, cuando nos entrevistamos le iban a mandar las botas para probar un caballo local. “Me encanta montar, no me importa”, dice sonriendo, descubriéndonos que no sólo ha montado en las playas de la isla, sino que también ha nadado con caballos en el mar.
¿Veremos a Chloe competir por España en los Juegos Olímpicos? “Me encantaría ir a una Olimpiada algún día, pero se que es realmente difícil”, explica Chloe,”la experiencia no es suficiente, necesitas encontrar un caballo y a un patrocinador”. No existen los atajos para llegar al éxito, “creo que se necesita una combinación de muchísimo talento y una enorme cantidad de duro trabajo”. Está claro que Chloe tiene mucho de lo primero y lo segundo no le da miedo.
Alta, rubia y con buen acento inglés, me sorprende cuando la jinete profesional, Chloe Morris, me dice que se considera menorquina. Sus padres se trasladaron a la isla desde el Reino Unido pocos meses antes de que naciera y, aunque ha vivido bastantes años en la península y en el extranjero,
Le precede su fama: el talento de
Los giros y el movimiento de unos pececillos plateados alrededor de nuestros tobillos, mientras chapoteamos en aguas poco profundas, van dejando, tras ellos, burbujas y arena en suspensión. Su danza es de sombras y luces, sólo basta parpadear un segundo y ya han desaparecido.
El flujo y reflujo del agua dulce con la salada, en las lagunas y charcas situadas en las cercanías de Es Grau, crean un hábitat singular para las aves y para la flora y fauna. Desde los senderos y las pasarelas de madera, las oscuras aguas ofrecen pocas pistas sobre lo que yace bajo los ondulantes cañaverales y las plantas flotantes. ¿Se ha parado a pensar en lo que debe ver una rana desde abajo?
Menorca ha tenido, desde siempre, una relación estrecha con las aguas que la rodean y con las de sus diversas marismas y charcas. Pero, aunque la imagen más entrañable, para muchos, es la de un mar cristalino y de azul intenso, las aguas de Menorca tienen muchos otros aspectos que la mayoría de gente no ha visto ni imaginado nunca.