Mar 15 2008

Tomando el té en Menorca en buena compañía (I)

Published by escritor at 20:32 under Menorca Gente

imagen-017-s.jpgAl recibirnos, Deborah está luchando, inútilmente, con las hojas de buganvilla esparcidas por todo el patio. Nos asegura que ya barrió la terraza ayer, pero, de nuevo, una alfombra de pétalos cubre las baldosas. Nuestra llegada le sirve de excusa para abandonar esta tarea imposible y enciende el hervidor de agua. Con nuestras tazas de té humeantes, nos sentamos para hablar de la vida en la isla y de cómo la hija de una familia agricultora acomodada de la Inglaterra rural se emparejó con un chico laborioso, hijo de una familia modesta de Sant Lluís (un pueblo de Menorca).

Durante el período que va desde las minifaldas de los años setenta hasta concedérsele una MBE (Miembro de la Corona/Imperio Británico) en reconocimiento a su trabajo para la comunidad británica de Menorca, en su calidad de cónsul británica honoraria, Deborah ha podido experimentar un buen número de contrastes en la isla. Cuando llegó, empezó a trabajar de representante de un tour operador, luego tuvo, durante muchos años, su empresa propia de mantenimiento de chalets. Carlos, por su parte, a pesar de haberse prejubilado de su trabajo en un banco, ocupa gran parte de su tiempo con su actividad voluntaria como Presidente de la Cruz Roja de Mahón. A lo largo de los años, Carlos ha ido probando muchas profesiones, “no era porque no pudiera adaptarse”, se apresura a aclararnos Deborah. Al sufrir una grave enfermedad en su niñez ­ no había penicilina en la isla cuando se contagió de meningitis tuberculosa a la edad de 13 años por lo que le tenían que traer la medicina desde Francia ­ Carlos perdió dos años de escolarización y se puso a trabajar. Después de trabajar en colmados, de ser sacristán y de regentar un supermercado, Carlos, finalmente, entró a trabajar en un banco en Maó. Hubo otro trabajo memorable que implicaba el pedalear frenéticamente entre Sant Lluís y Es Castell (dos pueblos de Menorca, cerca de Mahón), transportando, en bicicleta, rollos de película para los cines. “Las películas estaban divididas en dos rollos, uno empezaba media hora antes que la otra y, sudando horrores, transportaba el segundo a Sant Lluís. ¡No podía permitirme pinchar ninguna rueda de la bicicleta!”

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