Mar 19 2008
Tomando el té en Menorca en buena compañía (y III)
Carlos y Deborah nunca consideraron vivir en otro lugar que no fuera Menorca. “Parecía una decisión natural, nos conocimos aquí y yo trabajaba aquí, nunca pensamos en ir a vivir en el Reino Unido”, recalca Deborah, al tiempo que nos explica que, a pesar de que el inglés es el idioma familiar que usan especialmente en las comidas, sus dos hijas se consideran menorquinas. “No tuve dificultades en adaptarme”, indica Deborah, “la familia de Carlos me acogió con inmensa gentileza, fueron muy cariñosos conmigo”. A Carlos tampoco le costó adaptarse a las costumbres inglesas de Deborah, “desde siempre había tenido muy claro que nunca me casaría con una menorquina, pero no me preguntes por qué…”
Carlos y Deborah provenían de entornos totalmente distintos, “como la noche y el día”, así lo describe Deborah, pero después de más de treinta años de estar juntos, esas diferencias no han sido un obstáculo. “Creo que lo más importante es que, desde el primer día, uno debe darse cuenta de que se proviene de culturas distintas con costumbres diferentes, por lo que se hace necesario ser extra tolerante y comprensivo”, cree Carlos. Naturalmente, con el paso de los años sus características inglesas y menorquinas se han ido difuminando en cada uno respectivamente, aunque Deborah bromea al decir que, si bien Carlos disfruta con la comida,”no es muy aficionado a los sándwiches de Marmite”. Carlos reivindica con orgullo: “Deborah cocina tan bien como cualquier persona de aquí, pero no me atrevería a decir que es menorquina”. “Mis hermanas opinan que ahora no sabría vivir en Inglaterra”, interpone Deborah “¿entonces, de dónde soy? ¡Soy de la tierra de nadie!” Aún así, Deborah enfatiza que desde el 1992, cuando fue nombrada vice cónsul, se siente más británica que nunca.
Para Deborah, Menorca sigue inmersa en el mismo encanto que la Menorca con la que se encontró en los años setenta, pero sobre todo, es “la maravillosa gente” de Menorca que la convierte en una isla tan especial. Siendo un entusiasta cantante, Carlos cree que otro factor a favor es la rica vida cultural de Menorca, algo con lo que, durante muchos años, ha guardado una estrecha relación, pues procede de una familia musical. “El día que tenga que dejar de cantar…”, hace una pausa para encontrar una comparación que pueda explicar tal tragedia, pero no encuentra las palabras adecuadas. Después de años de mezclar y combinar sus procedencias opuestas, queda claro que Carlos y Deborah han logrado aprovechar lo mejor de ambas.
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