Jun 26 2008
Sabor de Menorca (II)
Tal como ocurre con muchos de los demás productos menorquines, el vino local tiene sus propias características. Una de ellas tiene su origen en el agua que rodea la isla. “Está claro que la proximidad del mar y el hecho de que la tierra está expuesta a la sal, que luego es absorbida por la planta, son factores que afectan el sabor de los vinos locales”. Además, para producir el vino de la isla sólo se usa una pequeña selección de variedades de uva: chardonnay y malvasía para los blancos y cabernet sauvignon, merlot, shiraz y tempranillo para los tintos. A pesar de estos rasgos comunes, Pere nos explica que los viñedos de la isla son aún relativamente jóvenes, por lo que el vino está todavía en proceso de formar su identidad propia.
En cuanto a su consumo, Pere recomienda que los tintos menorquines se consuman a una temperatura de 17 o 18 grados. “Esto es muy importante”, recalca. Por regla general, el vino tinto se bebe a temperatura ambiente, que está bien si en el exterior hay 20 grados, pero en la isla, en verano, las temperaturas pueden ser de 30 grados”. Para acompañar el pescado a la plancha, Pere recomienda chardonnay u otros vinos blancos. Para el pescado al horno, platos de carne o queso de Menorca, nos sugiere un tinto afrutado como el Rubí del Mediterráneo. Si se trata de platos de carne más sustanciosos, como una ración generosa de filete, Pere se decantaría por uno de los tintos de Binifadet.
Las nuevas industrias conectan bien con las antiguas, por ello Pere nos asegura que los vinos locales son el acompañamiento perfecto para el queso menorquín. “Creo que se complementan perfectamente, tanto en lo relativo a su producción como cuando ambos productos se sirven juntos”.
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