Abr
12
2008
Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V
Las cosas han cambiado mucho desde las primeras visitas que se organizaban los domingos. Entonces, si llovía, se tenían que cancelar las visitas, pues los edificios del hospital estaban obstruidos por plantas invasoras y no servían de refugio pero, gradualmente, muchas salas han sido cuidadosamente restauradas, usando el típico marés, o bloques de caliza; las vigas podridas o robadas han sido reemplazadas gracias a donaciones. Estas salas restauradas han sido convertidas en mini-museos. Este grupo de amigos no sólo ha llamado la atención de los menorquines, sino que también tal vez lo más importante ha conseguido ayuda económica privada y de entidades públicas que ayudará a financiar la costosa tarea de restituir su antiguo esplendor al hospital.
Pero, a pesar de que esta isla ha cambiado de dueño muchas veces y de que ahora es sujeto de muchas visitas regulares, tiene un habitante que no tiene intención de marcharse: una especie singular de lagartija (Podarcis lilfordi balearica) que entra y sale rápida de las rocas calentadas por el sol. Los años de aislamiento han hecho que esta astuta lagartija no se encuentre en ningún otro lugar del mundo, aunque para divisarlas, es preciso estar prácticamente inmóvil.
Todo el mundo puede visitar la Isla del Rey. Las embarcaciones salen de Cales Fonts todos los domingos a las 09.00 horas.
www.islahospitalmenorca.org
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Abr
10
2008
Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V
En 2004, Luis se reunió con sus amigos a quienes, al principio, le costó convencer. “Les dije que siempre esperamos que Mallorca, Madrid, los catalanes o los alemanes vengan a solucionar nuestros asuntos y que, por eso, teníamos que ser responsables de nuestro patrimonio”. Y, en otoño de 2004, se fundó la Asociación amigos de la Isla del Hospital, literalmente un grupo de amigos que dedicarían su tiempo, los domingos, para desplazarse a la Isla del Rey como voluntarios. Armados con las herramientas que podían transportar, el grupo pasaría unas horas batallando contra los hierbajos y la maleza que estaban asfixiando el hospital, antes de compartir un tentempié en el embarcadero y luego regresar a casa en barca.
En estos tres últimos años, el grupo ha ido creciendo tanto en número como en influencia: médicos, profesores, agentes inmobiliarios, escolares y jubilados trabajan, uno al lado del otro, cada uno aportando su pequeña pero significativa contribución para la recuperación de este edificio histórico. En 2005, se creó la Fundación Hospital Illa del Rei, presidida por el propio Luis Alejandre, otorgando a los voluntarios un marco legal de actuación.
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Abr
08
2008
Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V
El hospital original tenía una capilla anglicana y espacio para 336 enfermos, pero hacía 1771, los británicos empezaron a hacer mejoras en el edificio, añadiéndole el primer piso. Esta ampliación supuso que el hospital podía cuidar hasta 1.200 pacientes. Los británicos eran increíblemente ambiciosos en sus planes de ampliación, para darnos cuenta basta hacer una comparación con lo que suele ocurrir hoy en día: el hospital Mateu Orfila de Menorca, de nueva construcción e inaugurado en la primavera de 2007, tiene un total de 142 camas. Los franceses eran aún más ambiciosos, pues, cuando invadieron Argel en 1830, pidieron permiso para usar la Isla del Rey como base para sus barcos que viajaban entre Marsella y África. En aquella época el hospital tenía camas para 3.000 soldados.
Entre una de las ocupaciones británicas y francesas de la isla, España recuperó Menorca entre 1782 y 1798, construyendo una iglesia católica, en el hospital, durante aquel período. Con la firma del Tratado de Amiens en 1802, los británicos devolvieron Menorca a España. En 1833, tropas norteamericanas usaron la isla como base logística, aquí reparaban sus velas y hacían uniformes y, a comienzos de la década de 1840, los franceses también regresaron para almacenar carbón en la isla.
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Abr
04
2008
Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V
El almirante británico Byng fue el primero en sugerir que la Isla del Rey ser a una buena ubicación para un hospital naval. En 1709, en conjunción con la Commission for the Sick and Wounded (Comisión para los enfermos y heridos), dibujó los planos para un hospital que iba a costar 9.000 libras, suma considerable en aquellas fechas. El almirante Jennings recogió dichos planos en 1711. Revisó las propuestas e introdujo una serie de cambios para que el hospital costara sólo 3.600 libras. Mientras esperaban la aprobación de la Reina Ana, Jennings decidi que debían comenzarse los trabajos, adelantando 3.000 libras de su propio dinero (la Corona británica le reembolsó más adelante). Quería aprovecharse de los numerosos peones mallorquines y catalanes que había en la isla, que habían sido reclutados para construir el Castillo de San Felipe. En abril de 1711 comenzaron los trabajos del que iba a ser el primer hospital naval británico construido en el extranjero.
Los británicos bautizaron la isleta del puerto como “Bloody Island” (isla ensangrentada), mote bastante apropiado, si tenemos en cuenta el estado en que muchos marineros heridos llegaban a ella. El hospital no podía tener mejor ubicación: los pacientes con enfermedades contagiosas eran mantenidos apartados, mientras que el abundante aire fresco contribuía a que los heridos sanasen. Pero la isleta no estaba libre de problemas, el adecuado suministro de agua potable era uno de ellos, por lo que se instaló un intricado sistema de recogida de aguas, para lo que se construyeron tres cisternas para almacenar el agua de lluvia — las tres siguen aún intactas actualmente.
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Abr
02
2008
Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V
El puerto de Mahón alberga un proyecto multicultural. En la Isla del Rey, en aguas españolas, se encuentra un hospital naval británico que pasó de manos inglesas a francesas y americanas, antes de ser devuelto a los menorquines. El mahonés Luis Alejandre es el impulsor de este ambicioso proyecto de restaurar el hospital a su antiguo esplendor y, por ello, nos invita a conocer el espíritu de esta pequeña isla.
El puerto de Mahón ha sido, desde antiguo, un refugio seguro para las embarcaciones que navegan por el Mediterráneo. Al ser el puerto natural más grande de Europa, los marinos pronto descubrieron la importancia estratégica de Mahón, pues les ofrecía el refugio necesario cuando las enfurecidas tormentas levantaban temibles olas, además de ser lugar de reabastecimiento de víveres y existencias, cuando hacían trayectos largos. Dada la situación clave de la isla y su protegido puerto, los británicos consideraron que Menorca era un lugar privilegiado en el Mediterráneo y, en 1708, la conquistaron.
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