Los recuerdos de un viaje son muchas veces sus sabores, sus olores, su cocina. La gastronomía es siempre un tesoro que estamos invitados a descubrir y que nos acabará transportando a los orígenes del lugar que visitamos. Imaginemos que llegamos a Menorca, ¿qué descubriríamos en sus pucheros en época estival?

El descubrimiento de Menorca en verano nos invita a probar sus playas y sus calas pero también, su “arròs brut”, sus gambas rojas, su pescado de roca o sus calabacines al horno con tomates y pan rallado. Ingredientes honestos para fundamentar una gastronomía sencilla y tradicional construida en base de platos campesinos, que se han enriquecido con la tradición culinaria de las culturas musulmana, francesa o inglesa.

Gamba

Menorca en verano sugiere pedir también que nos preparen un buen “oliaigu amb figues” elaborado con tomates maduros, pimientos verdes, cebollas, rebanadas de pan tostado, aceite de oliva y higos. Un manjar refrescante y delicioso que muy pocos visitantes conocen, pero que forma parte de esta isla encantada.

Alcaparras

Menorca hoy tiene un sello genuino de una dieta mediterránea que utiliza sus alcaparras para acompañar guisados, sus patatas como base de un buen “perol”, su calabaza para preparar un delicioso postre o su langosta para sublimar cualquier encuentro a manteles.

Figues

Por cierto, para saber si la langosta es fresca, hay que pedir en el restaurante que la levanten cogiéndola por las antenas delanteras y comprobar como mueve la cola con mucha energía. La caldereta que vendrá a continuación servirá para entender porque vale la pena quedarse a vivir en Menorca.